Sostener
En el terreno y desde la distancia. Sobre la ciudadanía que mantiene una nación entera.
Yo no sentí los terremotos en Venezuela, me encuentro a siete mil kilómetros de distancia. Pero no solamente eso: a medianoche cuando mi hermana y mi mamá —quienes tampoco los sintieron— se daban reporte de lo ocurrido, yo no atendí esa llamada.
No me enteré a tiempo. Dormía mientras miles sufrían.
Es muy disonante, vivir por redes sociales el país que se desploma y se sostiene, mientras el día a día transcurre en La Villa. Me ha impactado emocionalmente. MISS POLÍTICA la describe muy bien: es “la retorcida sensación de querer estar en los lugares que duelen”.
La pesadumbre, la congoja.
Cargo una sensación de culpa, no tanto por no sentir los sismos —porque de vivir en Venezuela de seguro estaría en donde sí sabemos que «La Guaira es lejos»—, sino por no asistir. ¿Sabes? Estar presente, ayudar, socorrer. Un remordimiento superlativo por no tender los dos brazos pa’ recoger, llevar, traer; pa’ abrazar.
También la culpa por no estar allá para juntar las piezas…
…Para construir un baño seco, ensamblar una camilla, separar la ropa digna de la que tendrá otra vida, para cortar las piezas de una cocina de emergencia o de una bolsa mortuoria, armar una estación de higiene personal, buscar las férulas impresas en 3D o mezclar ingredientes para hacer un alimento proteico.
Todas ellas son acciones e iniciativas pertinentes y loables que veo y comparto por Instagram. Respuestas a la emergencia. Soluciones endógenas. Productos que tienen que ver —y mucho— con el diseño industrial.
Taller Neo recoge ropa y la convierte en relleno para almohadas y camas para perros rescatados. Laser2aceros diseña y fabrica cocinas a leña para los refugios. Mus.vzla construye baños secos donde no hay infraestructura sanitaria. Emadiciano enseña a instalar estaciones de lavado de manos en los refugios. Soyleiva —y sabrá Dios cuántos más— imprime férulas en 3D para inmovilizar brazos. Aromia dedicó sus instalaciones para producir un alimento energético.
Todos lo hacen por voluntad propia.
Todos tienen aliados, colaboradores y replicadores.
Ninguno de estos proyectos licitó ni pidió permiso. Todos resuelven, con las personas y los recursos disponibles. Son respuestas ciudadanas y de diseño en el sentido más honesto del término: identifican qué atender, se alían, proponen una solución, coordinan, ejecutan con lo que hay, lo distribuyen y lo replican.
Es esa ciudadanía de diseño de la que una vez escribí.
El diseño en Venezuela, como otras disciplinas, es un eje estructural: una práctica de sostén, cuidado y supervivencia.
Desde que me licencié, y de eso ya varios lustros, he tenido claro que es allá, en el país que se desplazó al oeste, que ensanchó su territorio nacional, donde se necesitan los resultados y estudios del diseño. Más ahora, mucho más.
Este extracto de mi primer ensayo me lo confirma.
Después de haber cursado mi primer postgrado en Barcelona, decidí rehacer las maletas en ese piso del Borne y regresar a Venezuela. (…) Me surgió el llamado de la patria: creer que era más útil en el terruño.
Lo vuelvo a sentir dieciocho años después, pero con más vehemencia y urgencia. Ahora desde esta Madrid inundada de acentos venezolanos, que en un chasquido de dedos creó ADN Venezuela, una red de apoyo rapidísima e increíble.
Nada tiene que ver nuestro 2026 con aquellos años de "bonanza petrolera" —bonanza entre comillas, porque el grueso de la población vio poco, tirando a nada de eso—. Más tiene que ver con la tragedia ocurrida en 1999 y la frágil reconstrucción que se hizo de ese litoral que hoy está arrasado.
La devastación es enorme, tanto que aún no la tenemos dimensionada.
Las ruinas son el resultado de la potencia de los terremotos, sí (comparable con 240 bombas atómicas de Hiroshima). Pero, sobre todo, son producto de la corrupción de todos estos años y de la inacción en las horas claves. La readecuación de los lugares afectados y del país se torna más material que nunca, la restauración institucional es una tarea moral. En todo caso, es la dignificación de una nación.
Ciertamente no he estado en el terreno, en la emergencia, pero ahora es que queda por hacer. Esa sensación de culpa se convierte en espinita. Sé que desde donde viva estaré, como tantos más, trabajando en la reconstrucción de mi país —uno de mis grandes anhelos—. Y eso ocurrirá, está decretado.
¿Qué queda claro? Que somos una sociedad solidaria, con herramientas, conocimientos y voluntad. Desde hace años nos hemos dedicado a sostener y construir un país que el régimen decidió derrumbar. Ese régimen férreo y opresor, pero cada vez más mínimo. Es el poder ciudadano el que se está maximizando.
Este suceso natural que estremeció los cimientos, creó y afianzó redes ciudadanas. Ellas sostienen, cuidan y reconstruyen; ellas necesitan apoyo.
Para conocer y contribuir con algunas iniciativas y plataformas ciudadanas, pasa por Terremoto VE, un mapa colaborativo que ha registrado edificios colapsados, personas afectadas, redes de apoyo y organizaciones verificadas que reciben donativos.
Gracias por el apoyo.
Por cierto, somos Pat & Vif, par de mujeres in love… del diseño y la arquitectura.
Pasa, lee, quédate. Siempre hay ideas, reflexiones y vivencias en Dosis de Diseño.
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